Durante un año y medio estuvo detenido en la Unidad 6 de Rawson, una cárcel de máxima seguridad donde convivió con la violencia, la marginalidad y las heridas más profundas de quienes habitan el encierro. Allí, entre requisas, cuadernos improvisados y cartas que viajaban hacia afuera, Mariano Avilez escribió La belleza de lo impuro, un poemario que transformó la experiencia carcelaria en una búsqueda sobre el lenguaje, la fe, la condición humana y la posibilidad de encontrar belleza donde parece imposible.